4.4. Formas de gobierno

Las distintas formas de gobierno

Si bien la autoridad viene de Dios, son los individuos los que tienen que señalar las formas de gobierno. El poder político pertenece por derecho natural a la comunidad, que lo transfiere a una, varias o muchas personas.

Al igual que Aristóteles, establece las formas de gobierno en base al número que lo ejerce y en base al fin (bien común). Así establece las mismas tres formas justas y las tres formas desviadas.


Aunque el Aquinate es partidario de la monarquía, sin embargo ninguna de las formas rectas es absoluta para él. Estas están limitadas por el interés por el bien común, y por encima de todo poder, está la ley divina; y las decisiones que se opongan a ellas son nulas. También está sujeto al derecho natural, y el gobernante, igualmente, está sujeto a la ley.

Lo importante es conseguir la unidad social, y para ello es mejor el poder de uno que el de múltiples personas. Pero el valor de los regímenes políticos no sólo está en la forma, sino también en los individuos o súbditos. Según la situación de estos se requerirá una forma u otra de gobierno.

El orden de consideración que Tomás de Aquino hace, dentro de las formas correctas, de mejor a peor es el siguiente: monarquía, aristocracia y democracia. Y dentro de las formas desviadas, de las menos malas a las peores: demagogia, oligarquía y tiranía. La monarquía es la forma de organización política que menos fácilmente se corrompe. Ésta debe organizarse de tal manera que se le quite al monarca la ocasión de convertirse en tirano. (Como Tomás de Aquino no terminó esta obra no expuso las medidas necesarias para ello).

En la Suma Teológica, afirma la existencia de un régimen mixto formado por los tres tipos. Este sería el mejor de los regímenes posible. Este modelo de los Laceremonios estaría constituido por un rey (monarquía), un cuerpo de senadores (aristocracia) y una asamblea (democracia).

Tomás de Aquino se manifiesta claramente contrario a la tiranía y escribe en contra de ella. El tirano está privado de aquella bienaventura que es debida a los reyes y se hace merecedor del máximo castigo. De alguna manera, justifica su derrocamiento, aunque advierte que cuando la multitud expulsa al tirano con el apoyo de alguien, éste se convierte en un nuevo tirano, que suele resultar peor que el precedente.

Contra la tiranía presenta los siguientes remedios:

* Acierto en la elección del rey.
* Controlar el poder del rey mediante una organización adecuada, que evite los excesos y desviaciones del ejercicio del poder.
* si la tiranía no fuese excesiva, es preferible soportarla que conspirar contra ella. Aunque esto sólo por algún tiempo y para evitar males mayores como: las represalias si no fuera derrocado, la aparición de un tirano peor, la disolución pluralista de la unidad política.

Tomás de Aquino no defiende la intervención privada contra la tiranía, aunque sí la acción emanada de la autoridad pública que destituya al tirano.