4.3. Relación Iglesia-Estado
El agustinismo político, al concebir la sociedad como una triste consecuencia del pecado, había marcado una subordinación del Estado a la Iglesia. Tomás de Aquino, aunque súbdito de una sociedad teocrática percibió por el contrario con nitidez que el Estado existió con anterioridad a la Iglesia; y por tanto, que como institución natural, coexiste con ella, cumpliendo su propia función. "Para establecer que la comunidad pública viva como es debido, se requieren tres cosas: en primer lugar que los ciudadanos una vez congregados vivan en paz. En segundo lugar que los mismos ciudadanos unidos por el vínculo de la paz, sean conducidos a obrar bien...En tercer lugar se requiere que la comunidad pública goce, por arte y maña del gobierno, de cosas que son necesarias para vivir bien".
RELACIONES ENTRE EL ESTADO Y LA IGLESIA:
El ESTADO es una sociedad autónoma que posee los medios necesario para la consecución del fin a que está destinado: el bien común. Tal bien común exige: paz dentro del estado; dirección unificada; provisión necesidades de vida; paz con el exterior.
La IGLESIA tiene un fin sobrenatural y, por tanto, más elevado que el del Estado. Tomás de Aquino defiende el poder indirecto de la Iglesia sobre el Estado: éste debe subordinarse a la iglesia en asuntos de carácter sobrenatural. Ello no implicaría, según Tomás de Aquino, pérdida de autonomía de la función del Estado. Y no significaría pérdida de autonomía por lo siguiente:
El fin de la vida social es la vida buena según virtud. Ahora bien, la auténtica vida virtuosa no es la fundamentada en el medio (al modo aristotélico), sino la que tiene carácter teologal. En la práctica esto significa que no está en manos de ningún organismo humano el conseguir el auténtico hombre virtuoso. De ahí que no deben ser las leyes humanas el fundamento último de la vida social sino la ley eterna. Y la ley eterna la representa mejor la iglesia que el estado. Por consiguiente, en última instancia, los reyes deben de someterse a los sacerdotes. La función del estado debe de consistir en realizar sus tareas propias, pero poniendo siempre la atención en que la auténtica felicidad está en la otra vida. Ahora bien, según Tomás de Aquino, esto no implica que el hombre tenga dos fines: uno natural y otro sobrenatural. Existe un único fin (el sobrenatural). Y tanto el Estado como la Iglesia deben de contribuir a la consecución de tal fin. El problema de las relaciones entre la iglesia-estado, en Tomás de Aquino, son muy similares a las relaciones entre razón-fe.