4.2. Origen divino de la autoridad política.

El origen divino de la autoridad

Tomás de Aquino, al igual que Aristóteles, defiende la naturaleza social, racional y libre del ser humano. El hombre es un ser social por naturaleza y el Estado es un producto de la naturaleza, no algo causada por ella, sino algo que hacen los hombres en virtud de sus impulsos de sus ser. Esa misma naturaleza exige la existencia de una autoridad encargada de procurar el bien común.

"Pues siendo natural al hombre el vivir en compañía de muchos, necesario es que haya entre los quien rija esta muchedumbre; porque donde hubiese muchos, sí cada uno procurase para sí solo lo que le estuviese bien, la muchedumbre se desuniría en diferentes partes, sí no hubiese alguno que tratase de lo que pertenece al bien común; así como el cuerpo del hombre y de cualquier animal vendría a des-hacerse sí no hubiese en él alguna virtud regitiva, que acudiese al bien común de todos los miembros; y así dijo Salomón: «Donde no hay Gobernador, el pueblo se disipará»".

TOMÁS DE AQUINO La Monarquía L I c1 Fuente: Biblioteca Upasika

Y puesto que todo lo natural procede de Dios. El Estado es obra divina. Aunque Dios no lo crea directamente, sino que dios interviene mediante causas secundarias (acciones humanas). Lo mismo sucede con la autoridad que, también, es obra divina. El libro III de la Monarquía es una justificación del origen divino de la autoridad (aunque parece que no fue escrito por Tomás de Aquino).

Siguiendo a Aristóteles, afirma que la familia es la primera y más elemental agrupación, sin ella no se pueden dar las demás formas de sociedad, pero también resulta insuficiente. Por ello, el Estado es una sociedad perfecta capaz de satisfacer todas las necesidades.

Las funciones del Estado son las siguientes:

• Facilitar a los ciudadanos el vivir bien temporal.
• Crear un orden social básico que permita a los individuos conseguir, por sí mismos, su propia felicidad.
• Procurar una vida en la que sea posible la búsqueda del fin eterno y bienaventurado. Debe procurar un orden ético.

Para ello, el Estado necesita de los medios o bienes materiales suficientes, sin ellos no es posible conseguir la virtud. Además el Estado desarrolla su fin ético mediante el derecho. Éste es un mínimum ético, sólo prescribe los mínimos cuyo valor ético tiene un sentido inmediatamente social.

En defensa de la libertad individual, Tomás de Aquino, afirma que el hombre no es sólo un ser social, sino que es ante todo un ser personal, por ello el Estado debe respetar la libertad del individuo.

 

La autoridad viene dada por Dios al pueblo, y éste es el que la delega en el gobernante (esta postura no está clara en Tomás de Aquino; hay textos que parecen indicar otra posición). Sin embargo, considera que el gobernante siempre habla como representante del pueblo y sólo tiene facultad en cuanto representa al pueblo y siempre para el bien del pueblo. Por eso es lícita la rebelión contra el tirano que no cumple, aunque Tomás de Aquino no defiende la rebelión contra el tirano, porque, si fracasa, produce males mayores. Lo que hay que hacer es evitar que el monarca se convierta en tirano.