3.1. Acción y racionalidad en Tomás de Aquino
La Ética de Tomás de Aquino
La Ética de Tomás de Aquino, se mueve dentro del nuevo paradigma, que plantea la naturaleza racional del ser humano. Según esto, las acciones morales serán buenas, si se rigen por este orden racional. Tomás de Aquino entiende este orden racional como divino, lo que le lleva a entender la Ética como el estudio del orden racional, que debe ser introducido en las acciones morales.
La filosofía moral de Tomás de Aquino no parte del "todos deseamos ser felices" platónico-agustiniano sino del "todo hombre desea conocer" aristótélico. Esto es debido a la mayor importancia del conocimiento de la verdad respecto a la volición del bien. Lo importante es disponer de una capacidad de conocimiento racional que nos permita descubrir el bien. Podemos ver la opinión del Aqinate en el siguiente texto
Por otro lado, la bondad de lo mandado, a diferencia del agustinismo, reside en lo mandado en sí mismo. Es decir, lo bueno lo es por sí mismo y no lo es por el hecho de ser mandado por Dios, y en consecuancia, las acciones morales serán buenas, si se rigen por este orden racional. Así lo podemos observar en el siguiente texto
Puesto que toda acción moral es una acción humana, pasaremos a analizar qué es una acción humana
La acción humana y la acción moral
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| Imagen 13. La acción humana |
La acción humana es voluntaria. El ser humano es un ser natural, y todo ser natural obra por un fin. Lo que caracteriza la acción en el ser humano es que está dirigida hacia un fin es racional. Por consiguiente, la acción humana será consciente y deliberada.
Ahora bien, los actos racionalmente queridos son los propiamente humanos, y por ello, la voluntad es un acto racional. Por tanto, el obrar humano será voluntario.
Siendo esto así, las aciones morales, como acciones humanas, son aquellas que tienen la consideración de voluntarias.
Para que este asunto nos vaya quedando claro, conviene, antes de nada, aclarar qué es lo voluntario.
Voluntario es aquello que procede internamente del propio sujeto de la acción, que además conoce la finalidad de tal acción. En palabras de propio Tomás de Aquino voluntario es lo:
"lo que procede de un principio intríseco con conocimiento del fin"
TOMÁS DE AQUINO Suma Teológica I-II q. 6, a. 1 fuente: Hernán J. González
El fin moral. El fin o la inclinación de todo ser natural no es otro que el bien. En el obrar humano la inclinación natural es el bien humano, no tanto la perfección que ocurre en él (acción) o la querida por él que pasa a un objeto exterior, sino la que termina en el agente mismo. Las acciones morales son por tanto las que terminan en el agente mismo y el bien correspondiente es el bien moral. El bien sumo es Dios.
La perfección es el acto de la potencia óptima (el intelecto) que conlleva la felicidad.
"La bienaventuranza consiste más en una operación del entendimiento especulativo que del práctico. Y esto se demuestra por tres razones. La primera, porque, si la bienaventuranza del hombre es una operación, debe ser la mejor operación del hombre. Pero la mejor operación del hombre es la de la mejor potencia respecto del mejor objeto. Ahora bien, la mejor potencia es el entendimiento, y su mejor objeto el bien divino, que no es, ciertamente, objeto del entendimiento práctico, sino del especulativo. Por consiguiente, en esta operación, es decir, en la contemplación de las cosas divinas, consiste fundamentalmente la bienaventuranza. Y porque parece que cada uno es su parte mejor, como se dice en los libros IX y X Ethic., por eso mismo esta operación es la más adecuada al hombre y la más agradable".
TOMÁS DE AQUINO Suma Teológica I-II q. 3, a. 5 fuente: Hernán J. González
Por tanto, no sólo es necesario la libre intencionalidad de la acción, sino que además es necesario conocer el fín hacia el que se dirige la acción. Lo voluntario tambien es lo que procede directamente de la acción, como lo que procede de la ominisión o de no ejecutar una acción.
De fines y medios. Según el de Aquino, los actos de la voluntad siempre se dirigen hacia el bien, ya que nadie desea el mal. Pero en esa dirección hacia el bien, distingue los actos voluntarios dirigidos al fin y los dirigidos al medio para alcanzar dicho fin.
Puesto que la voluntad no es una causa incausada, tiene sus causas, como el entendimiento, que es quien presenta el bien o fin; el apetito sensible; o la moción de Dios (respetando la libertad).
No vamos a entrar a esponer la prolija serie de definiciones y especificaciones que este filósofo aporta al tema de los actos voluntarios.
Un paso más. De la decisión a la deliberación de los medios. No basta con decidir lo que se desea alcanzar, sino que además hay que buscar y ejecutar los medios adecuados para la consecución e dicho fin. Para ello es necesario una deliberación de la razón práctica sobre los medios que están al alcance del sujero de la acción y sobre la bondad de los mismos, para posteiormente elegir los medios más útiles o adecuados, según que circunstancias, para posteriormente ser ejecutado. Aquí, en la ejecución de los medios es donde radica la mayor libertad del ser humano, dado que en la determinación de los fines le son impuestos por la naturaleza al ser humano.
¿Cómo introducir el orden en la voluntad humana y en los actos voluntarios?
Por un lado es necesario el conocimiento que nos encamine hacia el fín último (la felicidad) y del camino que hay que seguir (la ley) y por otro la virtud o la creación de hábitos adecuados.
Tomás de Aquino identifica la felidad con Dios, ya que Dios es el bien supremo, el bien en esencia. En este sentido la posiesión del bien supremo (Dios) sólo puede ser alcanzada por el entendimiento. Así los actos voluntarios estarán racionalmente ordenados cuando nos conductan a esa felicidad, que no es posible alcanzar de forma perfecta en este mundo terrenal, sino en el mundo divino.
La ley como lo que permite ordenar racionalmente los actos voluntarios.
Así la ley es el camino que conduce a las personas a su fin