La filosofía moderna. Racionalismo y empirismo

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2.5 La metafísica cartesiana


Ideas innatas y metafísica cartesiana

Ahora daremos una rápida visión a la metafísica cartesiana (la de Descartes) ya que será el blanco de las críticas de los filósofos empiristas, que veremos a continuación.

La metafísica cartesiana trata sobre los primeros principios, es decir sobre las ideas innatas. Estas ideas son muy importantes para Descartes, ya que son el punto de partida para poder montar nuestro conocimiento sobre el mundo mediante un proceso puramente deductivo, tal y como se establece en el método cartesiano.

Las ideas innatas

Imagen de una cabeza representada como un comptador
Imagen 19 Mente
cibernética

Las ideas innatas son las ideas con las que se nace, o con las que venimos al mundo. Son, por ejemplo, según Descartes, las ideas de «Dios», «sustancia», «existencia», «extensión», «causa». De ellas afirma que no se adquieren por ningún tipo de experiencia sensorial, sino que o están grabadas en el espíritu o no son más que un desarrollo de la propia capacidad de pensar. Descartes habla del origen de estas ideas confusamente: a la vez que las denomina «nacidas conmigo», o simplemente «innatas», dice de ellas también que no son otra cosa que la misma «facultad de pensar»


"Cuando digo (...) que una idea ha nacido con nosotros o que está impresa naturalmente en nuestras almas, no quiero decir que esté siempre presente en nuestro pensamiento: si así tuviera que ser, no habría ninguna de ese género. Sólo quiero decir que en nosotros mismos reside la facultad de producirla"

Meditaciones metafísicas. Alfaguara, Madrid, 1977, p.53

"En realidad nunca he escrito o pensado que la mente precise de ideas innatas, que fuesen algo diverso de su propia facultad de pensar"

Explicación de la mente humana o del alma racional, dónde expone qué es y qué puede ser. Revista Teorema, Valencia, 1981, p.20

La metafísica cartesiana. La sustancia

 

esquema del concepto cartesiano de sustancia
Imagen 20 La sustancia y sus características

Como ya te he indicado, la sustancia es una de las ideas innatas en la que se sustenta la metafísica de Descartes. La sustancia podemos definirla, siguiendo a Descartes, como aquello que existe por sí mismo, siendo ésta una definición similar a la escolástica: aquello que existe en sí. El matiz que diferencia estas definiciones, es que los escolásticos la hacen independiente del sujeto para existir, ya que ella misma es sujeto de los accidentes; mientras que Descartes la hace independiente de cualquier sustancia y aunque de hecho el concepto de sustancia sólo se aplica rigurosamente a Dios, existen tres clases de sustancias:

La sustancia infinita, Dios, que es al que le conviene absolutamente la definición, y las sustancias finitas: almas y cuerpos que sólo necesitan de Dios para existir.

A la sustancia le corresponde un atributo, que es lo que constituye su esencia. Así, Dios será la sustancia pensante infinita; el alma la sustancia pensante finita; y el cuerpo la sustancia extensa finita. También Descartes establece los modos como las formas en que se presentan las sustancias: la sustancia extensa se caracteriza por sus modos de figura y movimiento; y la sustancia pensante en sus modos de voluntad, entendimiento, sentimiento, etcétera.

Además del concepto de sustancia, el concepto de causa es fundamental en la metafísica cartesiana, ya que, en definitiva, todo está en dependencia de Dios como causa suprema del mundo y garantía de conocimiento.

El mundo cartesiano

La visión del mundo cartesiano queda reflejada en su planteamiento físico, el cual no se caracteriza por ser un conocimiento experimental, sino que es fruto de un procedimiento deductivo. Es un proceso deductivo de las causas a los efectos; las causas serán Dios y las leyes de la naturaleza.

Ahora bien, la deducción tiene un límite, éste es cuando llegamos a los efectos contingentes (dependen de la libre voluntad creadora de Dios), y por tanto no pueden ser deducidos necesariamente de sus causas. Ahí es cuando entra en juego la experiencia, para mostrar cual de esos efectos, son los que realmente se realizan; por tanto la experiencia vale sólo para confirmar las cuestiones más particulares.

El modelo del mundo cartesiano es un modelo mecanicista, todo se reduce a materia y movimiento, pero la materia no es más que extensión; con lo cual:

  • Se niega cualquier planteamiento atomista, todo lo extenso puede dividirse.
  • No existe el vacío, todo está lleno de materia.
  • Se eliminan las cualidades secundarias (olor, color) puesto que son subjetivas, así como el peso y cualquier principio activo interno de las cosas (gravedad, fuerza).

Por tanto la causa del movimiento es Dios, el cual conserva siempre la misma cantidad de movimiento en el mundo.

Además están las causas segundas del movimiento, que son obtenidas a priori y se derivan de la inmutabilidad divina:

  • Principio de inercia.
  • Mantenimiento del movimiento en línea recta.
  • Conservación del movimiento en choques, no se pierde sino que se trasmite.

 

Imagen de un modelo mecánico de un pato
Imagen 21 Explicación mecanicista
de un ser vivo

Esta reducción del ámbito de lo objetivo a las cualidades primarias (figura y movimiento) es el fundamento del mecanicismo cartesiano: el movimiento de partes extensas es el único principio de explicación de los fenómenos de la naturaleza. El mecanicismo no sólo abarca el ámbito de la física, sino también el de la biología: los cuerpos son considerados máquinas regidas por las leyes físicas (leyes mecánicas). La vida se reduce a movimiento mecánico, en particular, en los animales que carecen de alma y pensamiento. En el caso del hombre, Descartes tiene que explicar la relación entre "alma" y "cuerpo": es el problema de la "comunicación" de las sustancias.

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