Con este tema nos vamos a centrar en uno de los puntos álgidos de la filosofía cristiana. Si bien, la filosofía nace como oposición al Mito, que tiene ciertas semejanzas con la interpretación religiosa de la realidad, nunca hasta la aparición del cristianismo se había planteado la problemática de al relación entre fe (religión) y razón (filosofía). Aunque es un problema que surge en torno al cristianismo, también es cierto que se extenderá posteriormente a la filosofía en general independientemente de su proximidad con el cristianismo o la religión. Pero como veremos a continuación vamos a centrar este problema en el ámbito de la filosofía cristiana desde su nacimiento hasta el fin del periodo medieval.
1.- CONTEXTO DE LA ÉPOCA Y DELIMITACIÓN DEL PROBLEMA
Este tema lo voy a contextualizar en un período histórico que abarca más de mil años, desde la aparición del cristianismo hasta el fin de la época medieval, en dicho período se producen diversas tendencias que difícilmente pueden identificarse, a no ser por la referencia a un problema común que es la relación entre fe y razón o dicho de otra manera entre revelación y filosofía.
Reducir los problemas de esta época a la relación Fe-Razón, quizás limite demasiado los temas y problemas de la reflexión filosófica y teológica de este período, que al margen del problema que nos ocupa, trataron otras cuestiones de interés como: problemas epistemológicos, ontológicos, sociales y políticos, y asumiendo el pensamiento clásico aportaron algunas novedades destinadas a comprender mejor la nueva concepción del mundo que introdujo el cristianismo.
Entender el porqué de este problema, supone tener en cuenta un conjunto de circunstancias que hacen que se genere la relación entre Fe y Razón, ya que en principio no tienen ninguna relación. La religión cristiana no tiene nada que ver con la filosofía, y por otro lado, esta relación no se había planteado con anterioridad en la filosofía griega.
El conjunto de circunstancias que ocasionan que se plantee esta relación pueden agruparse en tres:
- Características de la filosofía de la época.
- Características de la religión cristiana.
- Circunstancias históricas.
a) Características de la filosofía de la época.
En el momento que el cristianismo hace su entrada en la historia, la filosofía se encuentra debilitada; los grandes sistemas filosóficos han perdido su preponderancia, y se mantiene una situación de eclecticismo que abandona los grandes temas ontológicos, inclinándose por los problemas morales y por una religión de corte sentimental (neopitagorismo).
Por otro lado, las corrientes filosóficas más importantes son el platonismo, aristotelismo, escepticismo y epicureísmo; estando las tres primeras muy próximas entre sí. Posteriormente, el platonismo asumirá una importancia mayor, dominando a las demás y asumiendo distintos elementos de las mismas, aparece así lo que hoy se denomina Neoplatonismo.
Estas circunstancias hacen que haya una coincidencia entre filosofía y cristianismo, sobre todo en lo tocante a la preocupación por la acción moral, a la vez que se da una cierta coincidencia con la cosmovisión neoplatónica, que hará que ésta sea asumida, en parte, por el cristianismo.
b) Características de la nueva religión cristiana.
El cristianismo aparece como una doctrina que manifiesta encontrarse en posesión de la verdad absoluta; posición que choca con el eclecticismo reinante y resulta molesta por su dogmatismo y falta de diálogo. A su vez, mantiene unas doctrinas opuestas a la cultura y la filosofía del momento, defendiendo el monoteísmo frente al politeísmo, el creacionismo frente a la eternidad de la materia, la omnipotente intervención divina, frente a la regularidad constante en los acontecimientos y la concepción lineal y terminal de la historia, frente a la idea del eterno retorno.
Por otro lado, como comenté anteriormente, se da una coincidencia del cristianismo con la filosofía platónica:
- La existencia de otro Mundo (el Cielo), coincide con la existencia del Mundo de las Ideas.
- El hecho de que el mundo sea creado por Dios a su imagen, coincide con el hecho de que el mundo de las cosas es una copia del mundo de las ideas.
- El monoteísmo se hace compatible con la superioridad en la escala jerárquica de la Idea de Bien.
- La coincidencia de ambas en la defensa de la inmortalidad del alma y la consideración de la vida como un proceso temporal de purificación del cuerpo, para un posterior ascenso a su lugar natural (Cielo o Mundo de las Ideas).
Estas circunstancias harán que el cristianismo se aproxime a la filosofía platónica. Sin embargo, no hay que olvidar la existencia de diferencias claras que llevarán a la oposición entre fe y razón.
A pesar de las coincidencias con el platonismo, el influjo inicial de la filosofía en el cristianismo se realizó a través de alguna tendencias de la filosofía griega tardía, las cuales estaban impregnadas en parte de elementos religiosos. Algunos de los aspectos más importantes que influyeron sobre el cristianismo temprano fueron los siguientes:
- Por parte del estoicismo, sobre todo a través de Séneca, Varrón y
Cicerón. La influencia más fuerte se debe a su ética, la cual marcó no sólo la espiritualidad y el ascetismo del cristianismo, sino también de la época. Esta influencia trajo una concepción negativa del hombre: el hombre con su alma racional debe dominar al alma sensible con sus impulsos y pasiones, y dado que el cuerpo es la morada de los sentidos, es el origen de las pasiones. Esto tiene como consecuencia el desprecio hacia el cuerpo y el mundo, que influyó de forma negativa en la antropología cristiana.
- Esta concepción negativa del cuerpo y del mundo también está influenciada por el gnosticismo, movimiento religioso filosófico, que considera la situación del hombre en el mundo como una situación de enajenación: el mundo representa el mal y está bajo el dominio de las fuerzas hostiles. Frente al principio del mal se encuentra el Dios trascendente, creador o demiurgo del mundo. A este dualismo ontológico le corresponde un dualismo antropológico. Así la parte divina del hombre se encuentra cautiva en un cuerpo material, y los poderes del mundo pretenden mantenerle ignorante de su origen divino. La liberación se produce por medio de la gnosis o la comprensión de la verdadera naturaleza del hombre, así se libera de sus ataduras corporales y el alma espiritual se une a Dios.
c) Circunstancias históricas.
También es necesario tener en cuenta una serie de circunstancias históricas que facilitan esta relación. Estas son:
- La conversión al cristianismo de personas cultas que habían tenido contacto con la filosofía y no estaban dispuestas a abandonarla. Esta situación hace que se genere un debate interno sobre la validez de la filosofía con relación al cristianismo.
- La persecución de cristianismo y la crítica por parte de los filósofos hace que aparezca la necesidad de defenderse mediante argumentaciones más o menos racionales.
- Una situación similar se presenta con la aparición de las herejías, que obliga a la ortodoxia a tomar argumentos racionales para combatirlas.
Una vez vistas las circunstancias que originan este encuentro entre filosofía y cristianismo, hay que hacer referencia al papel que juegan cada una de ellas y en que medida pueden relacionarse.
2.- LAS PRIMERAS POSTURAS ANTE LA RELACIÓN FE-RAZÓN
El problema ya había sido planteado en el seno de la comunidad judía, y fue Filón de Alejandría quien lo planteó de forma concreta, ¿quién es superior Las Sagradas Escrituras o la Filosofía Griega?. Filón salva la validez de la filosofía, supeditando ésta a la fe, en la medida que las verdades de la filosofía son un plagio de las Escrituras. Para ello se basa en la convicción de que Platón había conocido el Antiguo Testamento.
San Pablo también, de alguna manera, plantea el problema (I Cor. 1,17-25 y Rom. 1,18-21); admitiendo la posibilidad de la razón humana para conocer la providencia de Dios, pero afirmando que ésta posee poco valor si se la compara con la plenitud de conocimiento proveniente de la revelación. Así muestra la superioridad de la fe frente a la razón.
Pero el problema en cuestión no se plantea hasta el s. II con la aparición de la Patristica, movimiento filosófico-teológico, que va desde la época post-apostólica hasta el s. V, cuya función era la de defender al cristianismo de las acusaciones y predicar y hacer comprensible el mensaje de salvación. En esta época el cristianismo entra en competencia con la filosofía de la época que, como ya he manifestado anteriormente, no era una mera reflexión teórica, sino también una forma de vida práctica que se concebía también con elementos religiosos. En este período se manifiestan dos posturas divergentes:
2.1.- Actitud adversa hacia la filosofía.
En los primeros momentos esta es la actitud mayoritaria, que condena a la filosofía en bloque, al considerarla como una doctrina peligrosa para el cristianismo. En general se identifica cristianismo con verdad y filosofía con el error.
La figura más representativa de esta posición es Tertuliano, él cual afirma que "al cristiano le basta la fe, después de creer, nada queda por desear".
Filosofía y Cristianismo son antitéticas, pues la filosofía es la culpable de todas las herejías.
2.2.- Actitud favorable a la filosofía.
Es mantenida por un número inferior de personas y aunque tienen claro la supremacía del cristianismo, aceptan la filosofía considerándola como poseedora de verdades parciales, que antecedieron a la aparición del cristianismo. Además, piensan que la filosofía es algo útil para la explicación e ilustración de la Fe.
Esta armonización de filosofía y cristianismo probablemente estuvo favorecida por la idea platónico-aristotélica de que la teología constituía una parte de la filosofía. Por otro lado, hay que tener presente que en esta época la filosofía no es una ciencia autónoma que proceda sistemáticamente, sino que fe y filosofía no se distinguen, dado que la filosofía del momento se presentaba así misma como religión.
Como representante más destacado de esta postura, cabe citar a Clemente de Alejandría (150-215), el cual considera a la filosofía como obra de la providencia divina; ya que ésta procede del Logos Iluminador (Dios), el cual fue iluminando con verdades parciales a los hombres, las cuales sirven como preparación, a los paganos, para el advenimiento de la Fe, a la vez que de medio auxiliar para defenderla. Y a pesar de que considera a la filosofía como algo insuficiente, la fe se inserta en el tronco de la razón constituyéndose así la sabiduría cristiana, cuyo grado supremo es la Gnosis.
3.- LAS GRANDES APORTACIONES AL PROBLEMA FE-RAZÓN.
Además de lo visto anteriormente hay tres posturas ante el problema, que por su significado histórico, es necesario destacar. Estas son las de Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y Guillermo de Ockham.
3.1.- AGUSTÍN DE HIPONA. (354-430)
No establece una clara distinción entre Fe y Razón, ya que ambas tienen como misión el esclarecimiento de la Verdad, que no es otra que la verdad del cristianismo. El objetivo de Agustín no es otro que la comprensión de la verdad cristiana, y para ello necesita de la colaboración entre Fe y Razón. Esta colaboración se establece de la siguiente forma: - La razón, en principio, ayuda al hombre a alcanzar la Fe, en un segundo momento la Fe orienta e ilumina a la Razón, en este sentido la Fe prepara el camino para que la Razón llegue a la Sabiduría, y en un tercer momento la Razón aclara los contenidos de la Fe. Este es el sentido de la afirmación agustiniana: "La fe es sabiduría para el ignorante; pero quien tiene necesidad de satisfacer su entendimiento, debe prolongar el acto de fe con el entender". Por eso sólo mediante la conjunción de Fe y Razón es posible alcanzar la Verdad.
3.2.- TOMÁS DE AQUINO. (1225-1274)
La postura agustiniana se mantuvo durante un largo período de tiempo, pero la reaparición del pensamiento aristotélico y las posturas averroistas que defendían la existencia de verdades contradictorias, unas propias de la Razón y otras de la Fe, se hizo necesario establecer un nuevo planteamiento; este fue llevado a cabo por Tomás de Aquino.
Tomás mantiene una clara distinción entre Razón y Fe, distinción que viene marcada por los límites de la propia razón para acceder a las verdades propias de la revelación. La razón al proceder desde el conocimiento sensible, tiene su objeto limitado a las entidades sensibles, por ese motivo el conocimiento racional de Dios es analógico e imperfecto.
Sin embargo, la Fe nos trasmite conocimientos más allá de los límites de la Razón, conocimientos que son otorgados de forma gratuita para completar a la razón y que de hecho no la contradicen ni la suprimen, sino que la perfeccionan.
Queda claro que, hay una distinción entre Fe y Razón, pero es una distinción que no implica contradicción alguna. Pero a pesar de esta distinción hay un núcleo de contenidos comunes a ambas, pues la Razón puede acceder a algunas verdades de Fe, como la existencia de Dios. Este núcleo es justificado de la siguiente forma: es conveniente que las verdades racionales en torno a Dios sean trasmitidas por la fe, dada la dificultad que entraña llegar a ellas por medio de la Razón, jugando así la fe un importante papel corrector ante los posibles errores de la Razón.
En cuanto Fe y Razón constituyen fuentes de conocimientos distintos, ambas son autónomas e independientes; sin embargo en lo tocante a contenidos comunes, la Razón puede prestar ayuda a la Fe en la constitución de la Teología, ya que la Fe toma de la Razón los procedimientos de ordenación científica para sistematizar los conocimientos revelados, a la vez que la dialéctica le permite enfrentarse a los errores y ataques contra la Fe. Por tanto la Fe toma de la filosofía todos aquellos conocimientos y aportaciones que sean útiles para esclarecer la Fe. Por otro lado la Fe sirve como elemento corrector para reconocer los posibles errores que puede cometer la Razón.
3.3.- GUILLERMO DE OCKHAM. (1280-1394)
Lo característico de la postura de Ockham, reside en el abandono de ese espacio común a la Fe y a la Razón, que mantenía Tomás de Aquino. Ambas son fuentes de conocimiento diferentes y con distintos contenidos, con lo cual el ámbito de la Razón queda reducido y ésta no posee ninguna posibilidad de acceso ni demostración de los contenidos de la Fe. En tal sentido, Ockham defiende la imposibilidad de la demostración racional de la existencia de Dios y de la inmortalidad y existencia del alma.
La consecuencia de esta postura es que la teología no puede ser considerada como verdadera ciencia, ya que no puede demostrar sus afirmaciones fundamentales, convirtiéndose la religión en un saber práctico que conduce al hombre hacia su salvación. Esta circunstancia otorga una mayor libertad tanto a la Fe como a la Razón, pudiendo la Fe eliminar el racionalismo y volver hacia la mística y pudiendo la Filosofía centrarse en los problemas más específicos de la naturaleza y de la ciencia.
Este tema es un extracto adaptado para Hª de la Filosofía del tema original "Fe y Razón. Las relaciones entre filosofía y cristianismo, desde el nacimiento del cristianismo hasta el fin del periodo medieva" aún no publicado.
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