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comentario_texto "Por cierto que es una tarea de nosotros, los fundadores de este Estado, la de obligar a los hombres de naturaleza mejor dotada a emprender el estudio que hemos dicho antes que era el supremo contemplar el Bien y llevar a cabo aquel ascenso y, tras haber ascendido y contemplado suficientemente, no permitirles lo que ahora se les permite.

‑ ¿A qué te refieres?

‑ Quedarse allí y no estar dispuesto a descender junto a aquellos prisioneros, ni participar en sus trabajos y recompensas, sean éstas insignificantes o valiosas.

‑Pero entonces ‑dijo Glaucón‑ ¿seremos injustos con ellos y les haremos vivir mal cuando pueden hacerlo mejor?

‑ Te olvidas nuevamente, amigo mío, que nuestra ley no tiende a que una sola clase lo pase excepcionalmente bien en el Estado, sino que se las compone para que esto suceda en todo el Estado, armonizándose los ciudadanos por la persuasión o por la fuerza, haciendo que unos a otros se presten los beneficios que cada uno sea capaz de prestar a la comunidad.  Porque si se forja a tales hombres en el Estado, no es para permitir que cada uno se vuelva hacia donde le da la gana, sino para utilizarlos para la consolidación del Estado".

PLATÓN La República Libro VII (519d-520a)

1.- Resumen del texto.

El tema del texto es si resulta justo o no que las perso­nas que han adquirido el máximo saber deban ponerlo al servi­cio de la comunidad.

Teniendo en cuenta esto, se puede afirmar que la idea o afirmación fundamental de este fragmento es la siguiente: los fundadores del Estado (Justo) deben obligar a las personas mejor dotadas a realizar el estudio supremo y posteriormente poner ese saber al servicio de la comunidad.

Otras ideas que aparecen en este fragmento y que susten­tan la idea principal son las siguientes:

  • Esa obligación es una obligación justa, en la medida, que el bien es algo que debe ser otorgado al conjunto de los ciudadanos y todos ellos deben aportar sus cualidades al servicio de la comunidad.
  • Por otro lado, al ser esta actividad de formación realizada por el Estado, debe revertir en la consolidación del propio Estado.

Por último, quiero resaltar otra idea que define el tipo de saber supremo en el que tienen que formarse los hombres superiores y cómo se puede acceder a él. Este saber es la contempla­ción de la Idea de Bien y se adquiere mediante un proceso de ascenso.

2.- Explicación del texto

Este texto perteneciente a la República, obra caracterís­tica del deno­minado período de madurez de su filosofía, es también la obra mas representativa del pensamiento platónico.

La República se caracteriza por ser la obra en la que aparece el núcleo básico de la Teoría de las Ideas, a la vez que podemos encontrar en ella la práctica totalidad de los temas de la filosofía platónica. El tema central de esta obra es la política, en la medida que en ella se plantea la posibi­lidad de definir que es un Estado Justo. También, de forma conjun­ta, aparecen otra serie de temás como: la propia Teoría de las Ideas, la cual nos muestra una visión de los distintos grados de realidad y de los distintos grados de conocimiento de la misma; su concepción de la educación, del hombre,la inmorta­lidad del alma, etc.

He afirmado que el tema central de la República es la política, y en este sentido gira el fragmento que nos corres­ponde comentar, pues en él se plantea como los sabios han de encargarse de la dirección de los asuntos del Estado.

A la hora de explicar el planteamiento político de Platón hay que tener en cuenta, como éste gira en torno a unas cir­cuns­tancias especiales y a unos presupuestos que es necesario explicitar.

Las circunstancias sociopolíticas, corrupción, condena de su maestro Sócrates, etc, hacen que Platón esté desencantado de la política efectiva; de ahí que su planteamiento político sea un planteamiento ideal, que probablemente no pueda llevar­se a término, pero que conviene tener presente como ideal que orien­te la acción política.

Por otro lado, fruto de su concepción absoluta de la verdad frente a la relativista de los sofistas, defiende una única forma de gobierno, que por supuesto, tambien diferen­cian­dose de los sofistas, no es fruto de ningún acuerdo entre ciudadanos. A su vez, todo Estado Justo debe procurar el bien común de todos su ciudadanos, dado que no es posible el bien individual al margen del bien común.

Teniendo esto presente, diremos que Platón establece una división de clases de ciudadanos. Esta es una división funcio­nal, que propugna una división del trabajo en relación con las distintas capacidades de cada individuo, aportando cada uno al grupo, aquello para lo cual está más preparado.

La justificación de esta división de clases, reside en la necesidad de satisfacer determinadas carencias, y en la dis­tin­ta naturaleza de los individuos. Esta naturaleza, nos indica que cada uno está capacitado exclusivamente para reali­zar determinadas tareas. Las diferencias naturales de los indivi­duos viene determinada por el distinto predominio de una de las tres partes del alma.

Al considerar Platón que la característica más elevada del ser humano es la racionalidad, a la par que la define como lo esencial del ser humano, afirma que, son los individuos en los que esta tendencia predomina y orienta a las demás partes los que deben regir los destinos del Estado Justo; ya que, a su vez, son estos los que pueden alcanzar el conocimiento supremo, y en base a este  conocimiento dirigir el Estado.

En esta situación es donde comienza el texto, palteándose si es justo o no que los hombres superiores y más sabios se dediquen a cuestiones tan mundanas como la política, abando­nan­do la vida ideal dedicada a la contemplación de las Ideas.

El problema se plantea, ya que una vez que alguién adqui­re el mejor estado de vida, la sabiduría, no quiere aban­donar­lo. Esta consideración de la sabiduría como forma de vida suprema, es característica del pensamiento griego, por consi­derar la razón como el elemento más característico del ser humano, y por ello prarece lógico que la actividad superior del hombre sea el saber, dado que es la actividad más propia de la razón.

La solución a esta pregunta viene dada en el texto ya que  en él se afirma que el bien en un Estado Justo no puede redu­cirse a una clase privilegiada, sino que tiene que ser amplia­da a toda la comunidad. Por todo ello, los más sabios deben aban­do­nar su estado de plena contemplación de las Ideas y bajar al mundo sensible para organizar la vida pública. Del mismo modo, el resto de ciudada­nos también deben contribuir a la obtención de este bien común.

Por tanto, los hombres superiores, es decir aquellos en los que predomine la parte racional del alma, deben ser forma­dos en el saber supremo que, como se afirma en el texto, con­sis­te en la contemplación de la Idea de Bien.

Se hace necesario, en este momento, dejar claro que signi­fi­ca el Bién o la Idea de Bien para Platón. El Bien para Platón es la Idea suprema, y por ello el principio supremo de toda la realidad. Para comprender esto quiero explicar breve­mente la Teoría de las Ideas que es lo que nos va a permitir comprender que es el Bien para Platón.

La Teoría de las Ideas establece una división de mundos, sensible e inteligible, división que cobra sentido si la enten­demos dentro de los problemas que Platón pretende solu­cionar. Con anteriori­dad a Platón se habían planteado distin­tas alter­nativas para explicar el mundo. Por una parte, tene­mos el plan­teamiento de Heráclito que afirma que la realidad es un conti­nuo devenir (cambio); por otro lado, tenemos que Parméni­des defiende la inmuta­bilidad de la realidad, preten­diendo salvar, así la posibilidad de tener ciencia, ya que ésta sólo es posi­ble si los objetos sobre los que trata son inmutables.  Dede otra perspectiva, los sofistas habían puesto en tela de juicio la universali­dad de los valores morales y de las cos­tumbres sociales, admitiendo, como conse­cuen­cia la imposibili­dad de un conocimiento universal de estas cues­tio­nes. Frente a ellos, Sócrates defendía la existencia de valo­res univer­sales y la posibilidad de conoci­miento de los mis­mos. Ante esta situación se encuentra Platón, que fiel a su maestro Sócrates defiende la existencia de verda­des universa­les y la posibili­dad de su conocimiento, pero para tener ciencia deben ser estables, como afirma Parménides y por otra parte no podemos negar la realidad del movimiento, afirmando que este no es más que un puro engaño de los sentidos. Por todo ello establece Platón una dualidad de Mundos.

Así, tenemos el Mundo sensible que representa a la reali­dad que conocemos mediante los sentidos, una realidad cambian­te con la que salva la posibilidad del movimiento defen­dida por Herá­clito. A este Mundo se le denomina, también, Mundo de las cosas; el cual es una realidad imperfecta, o de segunda clase, al existir otra realidad más perfecta de la cual parti­cipa. Esta realidad suprema es el Mundo Inteligible o Mundo de las Ideas, que se puede definir como mundo de las esencias que hace ser al Mundo de las Cosas. Este Mundo es perfecto, por tanto, tiene plena realidad y a su vez es estable, con lo cual queda salvada la posibilidad de tener un conocimiento "cientí­fico", como afirmaba Parménides.

Por tanto, cuando nos encontremos con el término Idea, no debemos entenderla como un mero concepto mental, sino como una entidad real, con existencia propia y que se caracteriza por ser la esencia de las cosas, de la cual éstas participan.

Dentro de este Mundo de las Ideas se encuentra la Idea de Bien. Esta es la Idea suprema, la esencia y la causa de toda la realidad, en la medida que toda la realidad participa de ella.

Otra cuestión que se plantea en el texto es como accede­mos al conocimiento del Bien. En él se nos dice que se produce por ascenso. Este ascenso es un ascenso desde los niveles más bajos de realidad, presentes en el mundo sensible y cuya forma de conocimiento es la propia de la mayoría de los hombres, hasta las Ideas, y de Idea en Idea hasta la Idea de Bien. A este ascenso es al que se denomina dialéctica como método de conoci­miento; aunque en la República, también se entiende por dia­lectica la forma suprema de conocimiento.

Una vez que hemos llegado a conocer la Idea de Bien, pode­mos afirmar que esta es la causa de todas las cosas; ya que al ser la máxima perfec­ción, toda la reali­dad participa de ella. Y a su vez la Idea de Bien se constitu­ye en principio de compren­sión y de verdad, es decir, mediante su contem­plación compren­demos toda la realidad al ser iluminada por la Idea de Bien. Con lo cual queda de  manifiesto la superioridad de esta Idea para Platón.

Por último esta contemplación de la Idea de Bien no sólo tiene sentido por el hecho de obtener una plana comprensión del mundo, sino que además cobra sentido por la aplicación práctica de la misma, pues es muy impor­tante para conducirnos tanto en nuestra vida privada, como en la pública. Cobra así sentido la afirmación del texto que refiere el conocimiento supremo al conocimiento y contemplación del Bien.
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